8 competencias digitales para el éxito profesional

11 - 04 - 2014

Organizaciones, personas y procesos

[1] ORGANIZACIONES

Todo negocio es ya un negocio digital. Lo que tenemos entre manos es una de las pocas revoluciones disruptivas de la historia. Una de esas transformaciones que modifican de manera trascendental nuestro sistema productivo. Vivimos en un mundo cada vez más necesitado de talento e innovación para responder a la globalización y a la complejidad de los mercados pero también para dar respuesta a lo local y atender a lo diferente. La digitalización, el cambio social y tecnológico continuo y acelerado; el proceso imparable de globalización, la irrupción constante de nuevos agentes y la extrema conectividad están provocando cambios en las organizaciones y en las competencias necesarias para responder eficazmente a la horizontalización del conocimiento, la desjerarquización de las relaciones y la irrupción de un nuevo tipo de cliente.

La digitalización no es un punto de destino para las empresas y las marcas, sino un proceso de profunda transformación que requiere ante todo enfoque y estrategia para no perder de vista los objetivos de negocio. Con la irrupción de la movilidad, la nube y las tecnologías sociales centradas en el usuario la tecnología ha dejado de ser un centro de coste para convertirse en agente crítico en la definición de los modelos de negocio y su viabilidad. La transformación digital ha provocado que las tecnologías moldeen los modelos de negocio pero también que los modelos de negocio moldeen las tecnologías. Además, cuando la tecnología es ya una commodity, ubicua y abundante, la ventaja competitiva no está tanto en la tecnología en sí misma sino en saber orientarla hacia el negocio, utilizándola para gestionar la información y el conocimiento y sobre todo para ser capaces de explotar al máximo la conexión entre las personas y el conocimiento. Más que tecnología necesitamos profesionales conectados en red y con las competencias adecuadas. Más que sistemas de gestión del conocimiento, necesitamos trabajadores del conocimiento con las competencias digitales necesarias para manejar la convergencia entre globalización y cambio tecnológico acelerado.

Conocer qué está pasando en Internet y revisar los procesos bajo ese prisma; comprender las nuevas lógicas digitales y utilizarlas de forma adecuada para el negocio; saber detectar el talento tanto dentro como fuera de la organización; contar con profesionales competentes digitalmente; poseer en definitiva un nivel apropiado de desarrollo digital es un factor clave para el crecimiento de las empresas y su sostenibilidad futura.

[2] PERSONAS

Lo digital ha amplificado nuestro carácter social. Ser más digitales significa ser más sociales, significa formar parte de una nueva cultura de la participación caracterizada por unas barreras muy bajas para la producción de conocimiento compartido, la resolución de problemas de manera colaborativa, la circulación y la abundancia de la información.

Las estructuras tradicionales, verticales, rígidas, pesadas y lentas, no son capaces de dar respuesta adecuada a los retos de la actual sociedad-red basada en la interacción, la levedad, la velocidad y la conectividad.

El nuevo cliente es altamente social (tanto online como offline), está acostumbrado a la conexión instantánea y a opinar y compartir su experiencia de usuario a través de los medios sociales. Los clientes han dejado de ser pasivos para convertirse en agentes que conversan, opinan, critican y alaban a las empresas. Tienen los medios y buscan participar en el diseño de nuevos productos y servicios y en el rediseño de procesos y prácticas. Los nuevos clientes están tecnológicamente muy capacitados, son globales y cambian de producto, de marca o de empresa si algo no les gusta. Manejan grandes cantidades de información en sus procesos de selección y valoración, se coordinan y actúan en red y saben que el cambio es una característica inherente a los nuevos tiempos. Los nuevos clientes son multitarea y acceden a la información en movilidad, en cualquier momento y en cualquier lugar. Han cambiado su comportamiento en los procesos de compra. Valoran la inmediatez, la facilidad y la eficacia. No confían tanto en la publicidad tradicional como en la recomendación y en sus conexiones sociales. Si ayer se informaban exhaustivamente en Internet antes de comprar (Research Online Purchase Offline-ROPO), hoy es cada vez más habitual la práctica de mirar en la tienda para comprar en Internet (Showrooming). Cada día es mayor el número de clientes que sólo ha vivido en la era digital y maneja las lógicas propias de la cultura digital. Exigen honestidad, transparencia e igualdad en sus relaciones con las organizaciones.

Aquellas organizaciones capaces de entender a este nuevo cliente, de relacionarse con él de manera apropiada y establecer relaciones duraderas tienen ante sí una gran oportunidad de diferenciación en el mercado y de adquirir ventaja competitiva.

También las organizaciones al digitalizarse necesitan ser más sociales. Una organización es digital si fomenta su lado social y es social si trabaja con lógicas digitales. Y esto vuelve a colocar en primera línea a las personas. Las organizaciones cambian por el impulso y determinación de las personas. Sólo incidiendo en las personas, en sus capacidades, conocimientos, habilidades y actitudes, cambiaremos las organizaciones.

Ser un especialista en algo, acumular muchos conocimientos en un ámbito específico, puede ser condición necesaria pero ya no es suficiente. La era digital requiere además profesionales que tengan gran capacidad de entendimiento, resiliencia y adaptación al cambio. Profesionales capaces de gestionar la información, trabajar en red, aprender continuamente y adaptarse al cambio. Profesio- nales con autonomía, capacidad de liderazgo y fuerte orienta- ción al cliente.

Si la actuación de un profesional es el resultado de poner en acción formación, información, relaciones y herramientas, el reto es crear los entornos para desarrollar las competencias que faciliten y permitan que cada trabajador autogestione esos cuatro ámbitos. Para ello se precisan directivos que sean capaces de impulsar y liderar la transformación digital. Se precisa, en suma, de una nueva cultura empresarial soportada sobre un conjunto de nuevas competencias caracterizadas por el papel protagonista de lo digital y que se desarrollan a través de la colaboración y la construcción de redes.

[3] PROCESOS

Cada vez es más claro que digital no es sinónimo de tecnológico, como también que las nuevas tecnologías no se limitan sólo a permitir nuevas maneras de gestionar viejos problemas. Cada día es más evidente que lo digital define sobre todo una nueva manera de relacionarnos. Como individuos usamos constantemente dispositivos móviles, redes de interacción e instrumentos de comunicación para determinar en quién confiamos o qué servicios contratamos. Al mismo tiempo, las organizaciones están en pleno proceso de transformación repensando qué es lo que valoran sus clientes, modificando su cadena de valor de acuerdo a lo digital, implantando nuevos procesos y probando nuevos modelos de negocio que les permitan mantener la diferencia competitiva que asegure su sostenibilidad.

Si el entorno es digital, cambiante, acelerado, global y conectado. Si además aceptamos que las organizaciones y los profesionales deben cambiar para adaptarse y seguir siendo competitivos entonces la conclusión natural es que los procesos que rigen las actividades de una organización también deben cambiar. Cambian la manera de fijar los obje- tivos de negocio, la manera de formar los equipos, la forma de liderarlos, los flujos de información y distribución del conocimiento, las relaciones con los clientes, los sistemas de innovación y desarro- llo de negocio, los procesos financieros, las opera- ciones y cambian finalmente la evaluación y seguimiento de esas acciones y procesos.

Cada vez es más claro que las organizaciones ya no usan sólo los medios sociales para comunicarse mejor con sus clientes sino sobre todo para compartir conocimiento con sus principales grupos de interés y, lo que quizá sea más importante, para mejorar los flujos internos de transmisión del conocimiento. Estudios recientes nos indican que más de un 80% de las empresas ya usan algún tipo de tecnología social en sus procesos y que el 90% de los directivos afirma tener beneficios cuantificables mostrándose optimistas en cuanto a la mejora de la productividad. Pero esos mismos estudios nos indican que cada vez son más los directivos que consideran que para acelerar estos cambios es necesario apoyar y favorecer la adquisición por parte de toda la organización de competencias digitales. 

Capítulo: Organizaciones, personas y procesos