Artículo relacionado

Accede a nuestras publicaciones

Big Data, mayores responsabilidades

15 - 05 - 2014

El crecimiento de los datos digitales se ha visto acelerado de manera exponencial en los últimos años. Según un informe de las Naciones Unidas se espera que entre 2007 y 2020 la cantidad de datos se multiplique por 44 y ya se habla de "yottabytes", unidad correspondiente a un septillón de bytes. La Internet social, los registros de datos de llamadas, las transacciones de banca móvil, el historial de navegación, la geolocalización, las apps, los wearables... La disponibilidad de una masiva cantidad de información, el data mining y la posibilidad de trackear, monitorizar, segmentar, ofrecer servicios personalizados y predecir tendencias presenta numerosas oportunidades en todos los sectores. La migración de todas las actividades económicas al entorno digital, sumadas a la reducción de costes, ha llevado a un modelo socioeconómico basado en data, convirtiéndose en un activo principal de los modelos de negocio.

“Data es el nuevo petróleo de la era digitalEs la categórica afirmación de Neelie Kroes, vicepresidenta de la Comisión Europea, que no se cansa de reconocer el potencial del Big Data para la innovación tecnológica, la creación de nuevos puestos de trabajo y la promoción de la economía basada en el conocimiento. De hecho, la Comisión está dedicando esfuerzos a una iniciativa estratégica basada en el concepto de la cadena de valor de los datos, que se refiere al ciclo de vida de los mismos para el uso de nuevos productos y servicios innovadores.

Hoy, nadie duda del valor que la información tiene para los negocios. Pero en esta fórmula, hay un actor importante, el titular de los datos. Éste tiene un poder de disposición sobre ellos y eso es, nada más y nada menos, la base de la protección de datos personales. Un derecho que le confiere la capacidad de decidir quién los trata, por cuánto tiempo y para qué finalidades.

Y un derecho del que cada vez es más consciente. Tanto la privacidad como la seguridad de la información cobran cada vez más protagonismo para los usuarios, consolidándose la confianza como un factor esencial a la hora de decidir los servicios que utiliza. Las revelaciones de Snowden han contribuido a un ya encendido debate y no hay semana en la que las secciones de tecnología de los periódicos no incluyan una noticia sobre la reacción de los usuarios ante los cambios en políticas de privacidad o la pérdida de datos de alguna empresa.

Por eso, la protección de la información es, cada vez más, un cimiento esencial para cualquier negocio que trate datos, un valor más allá de una obligación legal. Conscientes de que la privacidad es una piedra angular en sus modelos de negocio, empresas como Tuenti, Disney, Google o Telefónica forman parte de una, cada vez más, nutrida lista de empresas que cuentan desde hace años con un puesto estratégico, el Chief Privacy Officer.

El CPO, normalmente integrado en la cúpula de mando, es el representante de la información disponible en la empresa y la cara visible del esfuerzo de la misma en privacidad.Alguien que entiende el negocio y además cuenta con conocimientos técnicos y legales, velando por el cumplimiento normativo cada una de las fases del ciclo de tratamiento. El CPO identifica nuevas oportunidades de negocio a través del análisis del data y es competente para definir las prioridades estratégicas de gestión de datos dentroy fuera de la empresa, protegiendo a la vez los flujos de información, garantizando su seguridad y tutelando los derechos de los usuarios. Una imagen positiva de cara al mercado, con una faceta marketiniana,algo así como el puesto asignado a Vinton Cerf, Chief Internet Evangelist.

Pero este puesto va a dejar de ser discrecional. El regulador europeo, consciente de la necesidad de actualizar un marco legal que refleja una fotografía fija del pasado, viene negociando una Propuesta de Reglamento de Protección de Datos en Bruselas que sustituirá, si llega a haber acuerdo entre Parlamento, Consejo y Comisión, a la actual Directiva Europea de Protección de Datos del año 1995, transpuesta en nuestro ordenamiento jurídico a través de la LOPD. Entre sus novedades, el Reglamento impone a las organizaciones la obligación de designar un Data Protection Officer, que oficializa la necesidad de contar con un guardián de los datos personales (un puesto similar al CPO).

No existen en la actualidad instrucciones claras sobre los criterios para designar al DPO, que puede ser interno o externo a la empresa. Lo que parece claro es que este rol actuará con un estatus de independencia, blindándose su mandato por dos años, algo necesario en un entorno en el que las decisiones no son siempre fáciles. En algunos países, como Alemania, este puesto ya es obligatorio y existen asociaciones como la IAPP en Estados Unidos o la APEP en España que representan un conjunto de profesionales preparados con conocimientos técnicos y jurídicos para dar soporte en todo tipo de proyectos relacionados con el data.

Un mal tratamiento de la información, además de resultar en una pérdida de confianza de los clientes, puede causar un daño reputacional irreparable, por no hablar de las consecuencias económicas de una posible denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos, que está habilitada para imponer las sanciones casi más altas de Europa.

Con las tecnologías existentes, el business intelligence y el valor de los datos como activo de la empresa, el responsable de privacidad deja de ser un mero supervisor y se convierte en un elemento crucial para cualquier negocio que quiera competir en el entorno digital. Aquellas empresas que sepan aprovechar el potencial de los datos, integrando estrategias proactivas de protección de la información desde el diseño, tendrán una ventaja competitiva y se verán beneficiadas minimizando riesgos jurídicos, económicos y reputacionales.

En definitiva, explotar el “nuevo petróleo” acuñado por la comisaria Kroes exige innovación tecnológica, sin duda, pero también estrategia y responsabilidad. E integrar esta realidad en la toma de decisiones de la compañía es, no lo duden, la fórmula del éxito.

 

Artículo relacionado

Accede a nuestras publicaciones