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El Design Thinking, la innovación centrada en las personas

27 - 05 - 2015

La innovación no es un milagro ni tampoco un terreno reservado a genios visionarios. La innovación es, sobre todo, un proceso donde interviene la creatividad y la incertidumbre, pero que requiere de una metodología y una visión claras.

Innovar es un concepto de moda que, hoy en día, se presenta como la solución a todos los problemas del mundo empresarial, sea cual sea el sector económico al que hacemos referencia: todo el mundo quiere ser disruptivo y revolucionar su mercado. ¿Pero cuál es el verdadero significado de innovar y a qué nos referimos cuando hablamos del Design Thinking, una de las fórmulas de innovación que está más de moda?

El Design Thinking es una disciplina que se aproxima a la innovación a partir de la sensibilidad y la metodología de los diseñadores y que centra su eficacia en entender cuáles son las necesidades de las personas con el fin de dar respuesta a la oferta de nuevos productos y servicios. Entender las personas (qué quieren o necesitan, cuáles son sus contextos y cómo se relacionan con lo que las rodea) resulta clave en la búsqueda de nuevas oportunidades de negocio, de la misma manera que innovar obviando la demanda potencial que puede tener un producto, sin analizar si responde a una necesidad real, es un ejercicio temerario. En este sentido, la moto BMW C1, por ejemplo, es un caso muy ilustrativo. Diseñada para ser la moto urbana más estable y segura del mercado gracias a la inclusión de un cinturón de seguridad y una estructura en forma de techo que añadía más seguridad a la conducción y protegía el piloto de las inclemencias meteorológicas, la estructura de este singular modelo es negligente en una de las características más apreciadas por los motoristas: la agilidad. El volumen y el peso de la moto eran excesivos y no había mercado para motos tan pesadas y voluminosas.

Las etapas del proceso creativo

El Design Thinking es, precisamente, un antídoto para la innovación que no conecta con las necesidades de los consumidores y propone, a partir de 5 etapas, promover un modelo a crear en base a las verdaderas y nuevas oportunidades que ofrece el mercado:

1. Empatizar: debemos ser capaces de ponernos en la piel de las personas para generar soluciones adecuadas a sus necesidades y realidades. Escuchar lo que dicen que hacen, pero también observar lo que hacen para acabar entendiendo por qué lo hacen.

2. Definir: seleccionar la información recopilada durante la fase de empatía y quedarnos con la que realmente aporta valor nos permite descubrir oportunidades interesantes e identificar nuevos retos, cuya solución nos ayudará a obtener un resultado innovador.

3. Idear: esta etapa tiene como objetivo la generación de la mayor cantidad posible de opciones. Nunca debemos quedarnos con la primera idea porque, probablemente, también se le haya ocurrido a nuestra competencia. En esta fase, debemos aplicar el pensamiento expansivo y rehuir los juicios para dejar que la creatividad nos ayude a soñar con nuevas posibilidades.

4. Prototipar: es el momento de convertir las ideas en realidad. Construir prototipos nos ayuda a hacer palpables las ideas y visualizar posibles soluciones poniendo de manifiesto elementos que debemos mejorar o refinar antes de llegar al resultado final.

5. Testear: todo el tiempo que invertimos en desarrollar una idea en nuestra oficina sin testear el mercado es dinero que estamos perdiendo porque no sabemos si nuestra propuesta funcionará. Esta fase es crucial porque probaremos nuestro prototipo con usuarios finales y eso nos ayudará a identificar mejoras significativas, errores a resolver o posibles carencias. Durante esta fase, evolucionaremos nuestra idea hasta convertirla en la solución final que estábamos buscando.

La innovación más "arriesgadamente segura"

El concepto del Design Thinking (o innovación centrada en las personas) a través de su significado actual (el diseño y la forma de pensar de los diseñadores aparece en el siglo XVIII con la revolución industrial) fue conceptualizado en los años 90 por David Kelley, fundador de IDEO y profesor de Stanford. Se trata de un modelo que traspasa el ámbito del diseño para acercarse al mundo empresarial con el objetivo de aplicar la creatividad para encontrar nuevas oportunidades a partir de necesidades latentes.

El objetivo de la primera generación de diseñadores (los de la revolución industrial) era satisfacer las necesidades de las personas a través de la industria. Durante el siglo XX, su trabajo contribuyó enormemente a mejorar el estándar de vida del mundo desarrollado. No obstante, ahora nos encontramos en un escenario donde las necesidades básicas ya están cubiertas y han surgido muchas otras. El mundo ha cambiado: la sociedad, los modelos familiares, el modo de relacionarnos, la forma en la que consumimos o trabajamos, incluso nuestros valores son diferentes y están sujetos a una evolución constante.

El escenario digital y la madurez de la globalización nos sitúan en un contexto altamente competitivo donde todo parece inventado y todo está a nuestro alcance en tiempo, calidades y precios cada vez más competitivos.

Por eso, hoy en día es más imprescindible que nunca que las empresas desarrollen un actitud innovadora, que incorporen la innovación en su ADN y en sus equipos para ser capaces de interpretar los cambios que afectan al consumidor y a sus necesidades como oportunidades de negocio, evolucionar su oferta de productos y servicios de acuerdo con estos cambios e, incluso, redefinir, si es necesario, su modelo de negocio para seguir siendo competitivas.

La innovación centrada en las personas es la forma más arriesgadamente segura de diferenciarnos y conseguir innovar a partir de una mejora en el diálogo entre los consumidores y los negocios. Esta ha sido la apuesta de Uber, la empresa más importante de taxis del mundo, que no posee ni un solo vehículo, y de Airbnb, el principal proveedor mundial de alojamiento, que no tiene ningún hotel de propiedad.

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