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La batalla por los pagos en la pantalla pequeña

17 - 04 - 2013

Hasta ahora habíamos utilizado Internet desde terminales de pantalla grande, la de nuestros equipos de sobremesa o de nuestros portátiles, y ahora estamos usando Internet desde pantallas pequeñas, las de nuestros móviles o tablets. Pero ese no ha sido el único cambio, hay otra cosa que ha cambiado: el modelo de negocio.

Con las pantallas grandes los modelos de negocio de Internet nunca lograron demasiado dinero del bolsillo de los usuarios finales. En la pantalla grande nos hemos acostumbrado a utilizar las cosas de manera gratuita. Si Google nos hiciera pagar por cada búsqueda, cambiaríamos de buscador. Si nos hiciesen pagar por nuestro correo electrónico, cambiaríamos de correo. Y cuando nos han querido hacer pagar por leer las noticias de nuestro periódico, hemos cambiado de periódico.

En la pantalla grande los modelos de negocio mayoritarios se han basado en servicios gratuitos capaces de reunir a grandes audiencias, y el dinero se obtenía (cuando lo había) mediante la publicidad o los datos que estas grandes audiencias podían generar. El resumen podría ser: la gente no está dispuesta a poner dinero, deberás buscarlo en otro sitio. Pero con las pantallas pequeñas todo ha cambiado. Con las pantallas pequeñas nos hemos acostumbrado a pagar.

Con el teléfono ya estábamos acostumbrados a pagar. Pagábamos por cada llamada, por cada mensaje, y lo hacíamos de manera implacable: tantos segundos de llamada, tantos céntimos de coste. Que Internet llegara al móvil significaba que Internet llegaba a un dispositivo cuyos usuarios ya estaban acostumbrados a pagar.  Actualmente pagamos por apps que nunca habríamos pagado en pantalla grande.

El móvil da pie a nuevos modelos de negocio que, ahora sí, podría ser el cliente final quien pusiera el dinero. BBC tiene una app para ver algunos de sus programas desde el móvil, iPlayer, que cuesta 7,99€ el mes, o 74,99€ al año y que es un éxito rotundo. El servicio no existe en versión web, porque en pantalla grande nadie habría aceptado pagar por ver un programa de la BBC.

Así pues, la novedad es que hay gente dispuesta a pagar por acceder a servicios y contenidos desde un dispositivo móvil. Y esta es la premisa para entender qué está pasando en la industria del móvil: hay una verdadera batalla para ver quién gestionará este increíble volumen de transacciones económicas. Apple reinventó el concepto de móvil con su iPhone, y ya de entrada lo complementó con el concepto de tienda AppStore. El usuario irá a una tienda a buscar aplicaciones, muchas gratuitas pero otras de pago… y Apple se quedará un 30% de todo lo que allí suceda. Un gol por la escuadra para los operadores de telefonía móvil, que veían como aparecía un actor que esquivaba su sistema de facturación mensual con el consumidor.

Hasta ahora la gestión de los pagos estaba en manos por una parte de los proveedores del servicio (por ejemplo Telefónica o Vodafone) y de la otra por parte de los gestores económicos (por ejemplo VISA, Mastercard o cualquiera de nuestros bancos). Y a este entorno ahora se ha incorporado un tercer actor: el fabricante del teléfono. ¿Quién gestionará el transaccional en los móviles?.  El fabricante de smartphones intenta que su plataforma sea exclusiva y que los usuarios vayan a su tienda (AppStore para Apple, PlayStore para Android, pero Blackberry también ha hecho la suya, y Telefónica, y un largo etcétera). Hay quien dice que Samsung le ha restado protagonismo a Google en Android, pero mientras la gente compra los teléfonos a Samsung, la tienda de apps es propiedad de Google. No está mal para Google.

Hay pocas dudas de que muy pronto el teléfono móvil va a ser nuestro dispositivo personal de pagos. Usaremos el teléfono móvil para acceder al metro, para pagar en el quiosco, para pagar la entrada al cine… más allá de las apps, liderar las transacciones económicas en las plataformas móviles puede que sea el gran negocio del siglo XXI. Telefónica, Vodafone, Apple, VISA, Santander, BBVA, Google, laCaixa, Mastercard, ATT… estamos hablando de miles de millones de dólares. La batalla no será pequeña.

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