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Llega la internet de las cosas, llega la internet de los servicios

15 - 10 - 2012

El incesante ritmo de las novedades tecnológicas hace creer que evolucionamos rápidamente, pero la verdadera naturaleza de los cambios depende de la adaptación social, y esto es algo más sereno de lo que en ocasiones parece. Sin ir más lejos, hace ya más de 30 años que los ordenadores personales PC están en el mercado pero aún estamos discutiendo cómo los incorporamos a las aulas escolares. Para cuando lo tengamos resuelto los PCs ya no existirán.

Si tomamos una cierta perspectiva la historia de internet se puede explicar con sólo tres etapas. La primera de estas etapas podría abarcar desde sus orígenes como red informática militar hasta mediados de los años 90. Se trata de un espacio técnico y minoritario al que muy pocos tienen acceso, dominado por ingenieros y desarrolladores, y caracterizado por una incesante exploración y experimentación. Podríamos definir esta etapa como ‘la internet pionera’.

Fuente de la imagen: Hyperhabitat

La segunda etapa de internet arranca en 1994, que es cuando por primera vez los particulares pueden contratar un acceso a internet y la red se vuelve pública. Los costes aún eran altos, y no exentos de una cierta complejidad (módems con protocolos Hayes conectados a 1200 baudios por el puerto COM1 y otras lindezas que algunos aún recordamos no sin cierto estupor). En este contexto sólo las empresas e instituciones dotadas con un departamento de sistemas y con profesionales informáticos podían permitirse la gestión de una presencia en la red. Podríamos definir esta etapa como ‘la internet de las empresas’.

La drástica reducción de costes y la continua simplificación de la tecnología hizo posible que no sólo las empresas, sino también las personas a título particular, pudieran plantearse la posibilidad de desarrollar actividad en la red. Este proceso, que podríamos situar aproximadamente en 2005 dio pie a la denominada internet social, o Web 2.0, en la que cualquiera puede publicar un video o una foto, escribir un blog o participar en una red social. Es el momento en el que ahora nos encontramos, y que podríamos denominar como ‘la internet de las personas’. Redondeando, actualmente hay unos 4.000 millones de personas con acceso a la red, y su capacidad de comunicarse y de actuar en la red ha modificado casi todos los procesos de negocio que conocemos. La conversación es relevante, la información y el conocimiento fluyen y se multiplican, los mercados se modifican y nacen y mueren modelos de negocio.

Basada en los servicios

Pero internet sigue avanzando, y sobre todo su tecnología sigue simplificándose y bajando costes. Ya no sólo las empresas o las personas pueden actuar en la red ofreciendo y negociando información, ahora también lo pueden hacer los objetos. Un plaza de parking que dice si está libre o ocupada, un autobús o un tren que informan si están llegando, una cama de hospital que dice si el paciente se ha caído… llegamos a la que será la cuarta etapa de internet (y no será la última): la internet de las cosas, también llamada M2M (‘machine to machine’). Actualmente hay apenas unos 1.400 millones de objetos cotidianos conectados a la red, pero en 2020 se espera que sean ya más de 40.000 millones. Un crecimiento brutal que va a modificar de manera radical el aspecto de la internet que conocemos. Coches que saben dónde están los atascos (y los evitan), tiritas que envían las constantes vitales a una central de alarmas y nos avisan si nuestro abuelo se encuentra mal… la internet de las cosas será una internet de servicios.

Seamos sinceros: la internet social ha dado mucho trabajo pero poco dinero. Los blogs, la conversación y las redes sociales siguen sin demostrar un modelo de negocio claro, pese a su innegable potencial. Pero la internet de las cosas sí que será claramente monetizable ya que ofrece servicios que pueden mejorar nuestra calidad de vida. Para muchos el foco dejará de estar en la gestión de la conversación y el nuevo eje será el diseño de servicios en los que la tecnología y la ingeniería volverán a ser claves de competitividad.

En el declive de la conversación propuestas como Facebook pueden quedar muy perjudicadas y actores como Amazon, más orientados al servicio, pueden cobrar un nuevo impulso, aunque sin duda veremos aparecer nuevos protagonistas (y desaparecer otros que hoy parecen incuestionables). Internet aún está empezando, y continua madurando.

Artículo previamente publicado en El Confidencial.

 

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