Las marcas, sus nombres y los usuarios
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Es curioso lo que sucede con las marcas. ¿No os habéis preguntado qué es lo que hace que una marca se llame como se llama?
Antaño, el tema de escoger nombre era más natural, se escogía un poco por gusto. Podía ser fruto de unir las iniciales de los fundadores o hasta el nombre de pila de la mascota de la hija del dueño, un poco como lo que pasa cuando se le quiere poner nombre a un grupo de música. Ahora no, ahora hay una serie de empresas de naming que se encargan de escoger el nombre más adecuado. No sé exactamente que deben mirar. Quizá que no se parezca a otra marca ya existente, quizá que sea fácil de pronunciar, quizá que signifique algo, quizá que no signifique nada, quizá que esté asociada a un producto de la marca,… Es para mi un auténtico misterio.
El caso es que al final se llame como se llame la marca, el usuario les llama como quiere. Mi tía, por ejemplo, cuando va al Caprabo a comprar no dice que va al Caprabo, sino que va al “Bravo”, quizá por aquel anuncio de hace años que popularizó el “Bravo Caprabo”. Tanto pasa con las marcas tradicionales como con las nuevas marcas 2.0 (más si cabe). Porque somos humanos. Quien no ha escrito alguna vez “flirck” en lugar de flickr.
El caso es que hasta las propias marcas se han dado cuenta de esto. Algunas ya no disimulan. A ver cuanto falta para que se popularice el nuevo anuncio de Chiquito de la calzada y haya que ir ahora al Burguecrín en lugar de ir al Burguer King.

