Finales de febrero se celebró el Mobile World Congress, el evento mundial más importante dedicado a las tecnologías móviles que ha reunido a más de 70.000 personas durante tres días en la ciudad de Barcelona. Es un evento complejo, y para interpretarlo se puede usar la metáfora de la visita a un establecimiento Ikea.
A la búsqueda de la novedad
Hay quien va a Ikea cada vez que hay un cambio de temporada, a la búsqueda de las novedades del nuevo catálogo. Y esta es la actitud de la gran mayoría de visitantes, sobre todo prensa, del MWC: a la caza de la última novedad.
Además del carrusel de nuevos modelos de teléfonos y tablets, unos más grandes y otros más pequeños, los visitantes atentos a las novedades y las tendencias habrán observado el auge de los fabricantes chinos (los stands de Huawei y ZTE eran bastante más grandes y espectaculares que los de Samsung, Sony o Nokia) y habrán disfrutado con el protagonismo de los sistemas operativos que se ofrecen como alternativas a los omnipresentes iOS (Apple) y Android (Google): llega Firefox en los móviles, Ubuntu en los tablets, Microsoft sigue con su Windows Phone…
A la búsqueda de la solución
Hay quien va a Ikea buscando una solución para un problema concreto: ese rincón de casa que pide una mesita pero de unas medidas determinadas, esa solución para guardar los zapatos, ese detalle para la cocina… Con este perfil hay poca gente en el MWC. La mayoría de los 70.000 visitantes al salón trabajan directamente para empresas relacionadas con la telefonía móvil, y si están en otros sectores se trata de personas con funciones relacionadas con las TIC o la I+D. Pero hay una dolorosa ausencia de directivos con responsabilidades en otros ámbitos. Es como si a Ikea sólo fueran decoradores e interioristas, cuando es obvio que la clave de su éxito es que es una propuesta apta para todos los públicos, incluso los niños. Esto no sucede en el MWC: los directores de marketing o de recursos humanos no consideran que éste sea su salón, por mucho que todo el mundo anuncia que la revolución móvil lo va a transformar todo.
En esta aproximación más hacia las soluciones que a los gadgets es relevante la propuesta del Health Pavilion, el espacio del MWC dónde se concentraron las soluciones pensadas para el sector Salud. Pero lo más espectacular fue la atención prestada a los sistemas NFC (Near Field Communication). Un consorcio formado por Telefónica, Sony, laCaixa, GSMA y Gemalto han obsequiado a 3.500 asistentes con un teléfono Sony Xperia con el sistema NFC activo y con un wallet de laCaixa pre-cargado con un saldo de 10 euros. Había 1.000 taxis en la ciudad que aceptaban el pago vía NFC, se podía pagar de esta manera en las tiendas Desigual, y se podía acceder vía NFC a la Sagrada Familia y otros lugares de interés de la ciudad. El Hotel Porta Fira, enfrente del mismo salón donde se desarrollaba el MWC, había adaptado un número importante de habitaciones con sistemas NFC, de manera que el móvil era la llave de la habitación y el método para acceder a los servicios del hotel, check-in y check-out incluidos.
A la búsqueda del desarrollo económico
Cuando se instala un Ikea en una ciudad se generan puestos de trabajo, pero se puede intentar ir más allá e intentar capturar parte de los suministros que va a necesitar, o incluso intentar convencerles de que incorporen productos o diseñadores locales. Alrededor del MWC también hay administraciones y organizaciones intentando aprovechar la oportunidad para el impulso económico del país, y más que debería haber.
Para conseguir este desarrollo de la oportunidad ya no hay que hablar del Mobile Word Congress sino de la Mobile World Capital, que quiere desarrollar un ecosistema para desarrollar actividad y proyectos alrededor de 5 ejes (Wallet, Smart, Health, Content y Travel) y que en esta edición del Congreso ya ha presentado su Centro de Competitividad en Salud. Esta actividad de desarrollo industrial se acompaña de otra iniciativa, el Mobile World Centre, un espacio para la ciudadanía en pleno centro neurálgico de la ciudad con el objetivo de convertirse en un punto de debate y conocimiento, un showroom donde ver el funcionamiento de estas tecnologías y entender cómo alteran nuestro día a día.
Por mucho que los medios insistan en hablarnos de nuevos gadgets y modelos, nuestra atención debe orientarse a garantizar que las empresas del país aprovechan la capitalidad del móvil para rediseñar sus procesos y liderar los nuevos modelos de negocio y de servicio que se van a generar.
(Este post se basa en el artículo publicado el 4 de marzo de 2013 en Directivo Digital, la columna semanal que RocaSalvatella mantiene en El Confidencial).