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Pepe Cerezo

19 abril 2012


Big Data, Big Numbers

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Como ya hemos comentado con antelación la captación, almacenamiento, procesamiento, análisis y explotación de grandes cantidades de datos, lo que ha venido a denominarse Big Data, se presenta como uno de los grandes negocios emergentes en el ámbito digital para los próximos años. A día de hoy representa un mercado que ronda, entre software, hardware y servicios asociados 5.000 millones de dólares y se prevé que pueda alcanzar los 50.000 millones en 2017. A continuación recogemos en la siguiente tabla los principales datos para entender el inmenso potencial que, según todas las previsiones, ofrece los Big Data:

Diseño: ideaoriginal
Iconos: The Noun Project

Genís Roca

17 abril 2012


De productos a servicios: la reconversión industrial digital

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Este mes de marzo en Austin, Texas, se celebró el SXSW y fue allí donde Nike anunció que lanzaba una API. Es decir, Nike liberaba el código necesario para que cualquier programador que lo desee invente nuevas posibilidades a partir de los datos que pueda generar una pulsera o una zapatilla. Muy interesante, ya que abre las puertas a nuevos servicios y posibilidades: una zapatilla que sabe que acabas de correr 12 kilómetros y que ya estás llegando a casa, o una pulsera que sabe que estás pasando cerca de ese gimnasio al que hace demasiado que no entras… pueden dar pie a nuevas propuestas y servicios difíciles de imaginar, nos guste o no.

El contexto de esta noticia es la reconversión industrial que está comportando la digitalización, que en la mayoría de los casos va exigir que los productos se reconviertan a servicios. Y parece que Nike lo sabe y está en ello. Veamos el modelo general. La digitalización es un proceso que se lleva a cabo en dos fases: sustitución y transformación. La primera fase, la sustitución, siempre se promueve desde la propia industria y el verdadero motivo para realizarla nunca es mejorar la satisfacción de los clientes sino el ahorro de costes y la optimización de los procesos.

El cliente ni la ha pedido ni la desea, pero la industria acomete campañas sistemáticas e implacables para convencerle. Fue el caso de la sustitución de los vinilos por CD’s. De los VHS por DVD. De llamar a un antenista para pasarnos a la TDT. Yo no quería, pero tuve que abdicar e incluso incurrir en costes porque la industria tomó la decisión. Cambiar la antena, comprar un reproductor de CDs e incluso volver a comprar música que ya tenía en vinilo.

Me dijeron que el CD era mejor, pero ahora ya sé que me engañaron y que ciertos agudos y graves suenan mejor en vinilo, y que en contra de lo que dijeron el VHS se rallaba menos que el DVD. Y ahora está pasando lo mismo con el libro electrónico. Somos muchos los que argumentamos que nos gusta el olor a papel y tinta, decidir cómo los ordenamos en casa… pero la industria ha decidido que usaremos libro electrónico.
Y no lo ha decidido en base a nuestras opiniones, sino en base a su expectativa de ahorrar costes de impresión, distribución, gestión de devoluciones, comisión en punto de venta, etc. La sustitución del libro físico por el digital es una decisión de la industria, no de la ciudadanía. Para minimizar las resistencias las sustituciones digitales siempre se explican diciendo que “es lo mismo, pero en digital” y para convencernos llaman al nuevo dispositivo con el mismo nombre, pero acompañado de un adjetivo moderno: libro electrónico, campus virtual, pizarra digital, receta electrónica, cajero automático… lo mismo, pero digital.

Cuando se ha completado la fase de sustitución llega la segunda fase de la digitalización: la transformación. El digital es intangible, y la propuesta de valor basada en el objeto, en el producto, debe ser revisada. Y a diferencia de la anterior, esta sí que es disruptiva. Es la que está destrozando modelos de negocio y modificando de manera radical sectores que se creían estables. Y la razón principal es que a menudo la industria no quiere o no puede modificar sus operaciones para pasar de ser sólo un fabricante de productos a ser también un proveedor de servicios.

Cuando la música dejó de ser un tangible (un disco o una cinta) y pasó a ser un intangible (un archivo) dejó de ser interesante comprarla para poseerla. Yo no quiero comprar el último disco de los Rolling Stones, me basta con escucharlo, y ahora que todo es digital hay mil soluciones para ello. Pero la industria sigue intentando mantener el viejo modelo comercial (pagar por poseer). Los nuevos actores sectoriales han hecho la transformación y ya no ofrecen productos, sino servicios. Pagas la cuota de Spotify para poder acceder desde cualquier lugar y con cualquier dispositivo a listas de canciones que compartes con tus amigos. Eso es servicio.

Cuando se haya desplegado el libro electrónico y se complete la digitalización del sector editorial habrá que rediseñar el negocio, y pasar de la venta de productos (libros) a la venta de servicios. No tengo ninguna duda en que Amazon ofrecerá un servicio de tarifa plana: paga 10$ al mes y lee lo que quieras de nuestro fondo de novela negra. 12$ y lo que quieras de management. No compro libros, accedo a fondos editoriales. Servicio en lugar de producto.

El sector editorial o el discográfico ya están digitalizados y sufriendo la etapa de transformación. Kodak insistió en producto y la digitalización acabó con ella. Parece que Nike va a probar si aún está a tiempo de reaccionar. En sanidad o en educación este proceso de sustitución digital aún es incipiente, pero no cabe duda de que se ha iniciado. Y hay otros sectores, como la justicia donde estamos francamente mal. Analiza cómo de avanzada está la sustitución a digital en los distintos procesos de tu negocio y sabrás si te falta mucho o poco para tu reconversión industrial hacia los servicios. Y si eres emprendedor y buscas una idea de negocio, fíjate sobre todo en aquellos sectores que están a punto de completar su sustitución digital: son un caladero de oportunidades para diseñar nuevos servicios. Cómprate unas Nike y ponte a pensar.

(Este artículo fue publicado el 26 de marzo de 2012 en Directivo Digital, la columna semanal que RocaSalvatella mantiene en El Confidencial)

Genís Roca
Pepe Cerezo

11 abril 2012


Si el negocio son los datos, el futuro de la banca está en la red

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La banca, al igual que ocurre en otros sectores, está experimentando una transformación de modelo. Según una encuesta de la Asociación de Banqueros de los Estados Unidos, la mayoría de los estadounidenses mayores de 55 años prefieren realizar sus operaciones bancarias a través de Internet  en lugar las sucursales o cajeros automáticos. Y, aunque algunos bancos ya están ofreciendo servicios financieros online de calidad,  aún hay algunos directivos que parecen estar a años luz de las demandas de sus usuarios. La presión a corto plazo, provocada por la crisis financiera mundial, parece que está retrasando los futuros retos a los que se tiene que enfrentar la banca.

La actual crisis está precipitando un proceso de reestructuración basado, principalmente, en concentración y reducción de costes, en los que la tecnología es percibida como un factor simplemente instrumental. Siendo esto muy importante, lo que la digitalización y las redes están produciendo es una transformación sin precedentes en la relación con los usuarios y, por tanto, de la estructura misma del negocio. La banca hace tiempo que no trabaja sólo con dinero, cada vez valoran más el conocimiento de sus usuarios. Es decir,  los datos y el análisis que se haga de ellos para crear valor diferencial. Todo ello conlleva una transformación en la forma de relacionarse con el usuario en un nuevo entorno y gestionar al mismo tiempo el cambio interno. No debe resultar nada fácil, en una época de escasez y recortes,  tanto de recursos como de personal, apostar por soluciones innovadoras y de futuro.

Pero, si  la banca no invierte en innovación otros lo harán, de hecho ya lo están haciendo. Empresas como PayPal, los operadores de telefonía móvil, las redes sociales como Facebook,  o nuevas plataformas como Boku ofrecen servicios propios de la banca. En la economía digital uno de los mayores activos es la confianza del usuario y para ello hay que saber qué y cómo lo quieren. El usuario por su parte, lo tiene más claro que nunca, y lo está diciendo a gritos; sin embargo su mensaje no siempre llega, porque su receptores no están donde se produce la conversación. La monitorización de las redes permite saber de qué hablan los usuarios, qué les gusta y que les desagrada, cuáles son sus necesidades y sus demandas. El primer paso para la transformación exige escuchar allí en donde está el usuario, que ya no es en las sucursales, sino en las redes.

Hace ya más de un año que en RocaSalvatella auditamos y analizamos la presencia de las entidades financieras en la red. Observando lo que sucede en la internet social -blogs, foros, redes sociales, etc.- se obtiene una interesante visión de las estrategias y acciones de cada entidad, así como las reacciones que suscitan en la ciudadanía. De esta forma, observamos cómo durante el mes de febrero BBVA fue objeto del 34,2% de las menciones hechas en internet a alguna de las 10 principales entidades financieras del país. Lejos están Bankia, con un 18,0%, y La Caixa, con un 14,8%, y aún más allá Santander, con un sorprendentemente bajo 9,09%.

El análisis de estos datos, de libre acceso ya que basta con interrogar a la red de la manera adecuada, constituye un verdadero observatorio de la banca española. Hay entidades que son motivo de conversación a raíz de sus productos y actividad comercial. Es el caso de Banesto (un 40,1% de las veces que se le mencionó en enero fue en relación a alguno de sus productos), o Banco Popular (con un 21,9%). Pero hay otras que basan el desarrollo de la marca en otro tipo de actividades, como BBVA que, dado su patrocinio de la Liga de fútbol y de la NBA de baloncesto, apenas tiene un 6,37% de las menciones de febrero relacionadas con sus productos financieros; o Santander, con un 11,0% que aún bajará más ahora que se ha iniciado la competición de Fórmula 1.

En este sentido, es interesante observar cómo las marcas modifican su posición al respecto: hace un año el Banco Sabadell tenía un 28,3% de la conversación relacionada a producto y ahora se halla en un 16,2%, quizá, entre otros motivos, debido a que su campaña sobre conversaciones de futuro con Guardiola, Trueba, Loquillo… no acabó de asociarse a planes de pensiones.

La observación de la red permite extraer mucha información sobre los movimientos tácticos y estratégicos de las entidades. Se puede observar cómo durante el pasado mes de enero Bankinter ocupó la primera posición del ranking de conversaciones sobre cuentas corrientes, multiplicando por tres su cuota de presencia respecto a diciembre. Por su parte, La Caixa aumentó un 20% su presencia en conversaciones sobre tarjetas gracias al lanzamiento en Barcelona del pago con tarjeta sin contacto -distribuirá más de un millón de tarjetas para pagos rápidos sin contacto e instalará 500 cajeros y 15.000 datáfonos-. Por su parte, el lanzamiento del portal inmobiliario www.banclic.es permitió a Banca Cívica destacar en producto hipotecario, y Banco Sabadell mejoró posiciones en el producto tarjetas gracias al lanzamiento de su tarjeta para viajes de negocios

En enero también destacó el vigor con el que irrumpió en la red el Centro de Innovación de BBVA, que pasó de 30-40 mensajes al mes en Twitter a más de 300, logrando comunicar con una audiencia de más de 125.000 personas si tenemos en cuenta los mensajes que sus seguidores reenvían a terceros y eliminamos los duplicados.

Las acciones de las marcas merecen reacciones por parte de la ciudadanía, y estas reacciones dejan un rastro en la red que es detectable y analizable. Internet se confirma por tanto como un observatorio permanente de la actividad de las marcas y la correcta explotación de estos datos de libre disposición permite detectar campañas, acciones y movimientos con los que deducir la estrategia de cada entidad, y la reacción que todo ello suscita.

 

(Este artículo se basa en textos publicados previamente en El Confidencial y CincoDías)

Genís Roca

27 marzo 2012


Dime con quién vas y te diré cómo te digitalizarás

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Hay diferentes razones por las que un directivo inicia su proceso de reconversión industrial hacia lo digital: la necesidad de reducir costes, la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos, el rediseño de procesos, los cambios en el modelo de negocio, la construcción de opinión pública en la red… pero casi siempre existe como detonante una persona concreta que consigue impactar a nuestro directivo con su mensaje, con sus ejemplos.

Una persona que le convence. Alguien que se lo explica de la manera adecuada. En ocasiones es su hijo, que en casa le explica lo que ha visto o hecho en la red, y en otras se trata de un colega que está consiguiendo buenos resultados. Sea quien fuere, hay cinco categorías básicas para encuadrar a esa persona, y según con cuál de ellas tropiece, nuestro directivo se digitalizará de una forma u otra.

Los primeros son los visionarios. Su mensaje se caracteriza por anunciar la llegada de un cambio radical y disruptivo que sacudirá el mundo, modificará los modelos de negocio conocidos, y provocará cambios profundos difíciles de prever. Dentro de éstos, están los que optan por un mensaje catastrofista (“las empresas desaparecerán”), neutro (“nada será igual”) u optimista (“lo digital es bonito y mejor, aleluya!”). En general, los visionarios explican que estamos en tiempo de redes, que el cambio es social y estructural, y que todo esto afectará a todos los sectores. Tienen razón, toda la razón. Sacuden e iluminan a nuestro directivo… pero no le dicen qué debe hacer. Con lo que éste se queda inquieto, preocupado y con la sensación de que no está preparado para lo que se avecina.

Luego están los que dicen que todo es cuestión de estilo. Que ahora lo que toca es colaborar, cooperar, cocrear, copensar, covivir y cotodoQue el zen se logra cuando compartes información, que lo más sano es participar de la conversación y vivir en el diálogo. Que el intercambio de opinión es la mejor manera de aprender y avanzar. Que ahora los procesos ya no son tanto top-down, sino bottom-up. Es el discurso habitual en entornos cercanos al ámbito de recursos humanos, gestión de equipos y desarrollo organizativo. Y tienen razón. Toda la razón.

Los terceros, sin que esto responda a ningún orden, son los que te hablan de las herramientas. Son los que creen que estar digitalizado es saber cómo se publica un video en YouTube, y dedican mucho tiempo a convencerte que cuando abras tu blog lo hagas en WordPress antes que en Blogger. Que parece mentira que en el trabajo no uséis wikis. Son los reyes del gadget, conocen todos los programas, apps y utilidades que puedas imaginar, y saben que el mundo será móvil. Y desenfundan su smartphone para demostrártelo. Es fácil que trabajen, o hayan trabajado, en el departamento de sistemas. Y tienen razón. Toda la razón.

Y luego están los que se basan en el método. Se detectan porque tarde o temprano acaban hablando de “la gestión del cambio”, y tienden a etiquetar los procesos con palabras siempre en inglés que luego resulta que significan lo mismo que hemos hecho casi siempre, como Crowdsourcing o Community Manager. Hasta ahora solían provenir de las escuelas de negocio, pero últimamente basta con comprar un libro de management en el aeropuerto (están al lado de los de autoayuda). Entre los empleados se detecta rápidamente y la expresión usada es “Maldición, parece que el jefe ha leído un libro: habrá cambios”. Bromas aparte, también es cierto que hay nuevas maneras de hacer las cosas. Y tienen razón. Toda la razón.

Y finalmente llega el quinto tipoEl que sólo te habla de resultados. Y que existan es la demostración de que todo esto va en serio y ya es maduro. Es la persona clave a la que debes escuchar. Lo reconocerás porque cuando te habla de resultados utiliza la misma métrica que tú (unidades vendidas, incremento de facturación, número de clientes) en lugar de conceptos vaporosos como páginas vistas, número de followers o si eres trending topic. Lo reconocerás porque cuando te habla de objetivos se interesa por cómo se calcula tu bonus, en lugar de hablar sólo de tu reputación en la red.

En definitiva, te habla de cómo lo digital te ayuda a desarrollar el negocio, con los recursos de qué dispones, en un tiempo razonable, y con indicadores de mercado. Pero pese a tener un cierto sesgo, todos los anteriores tienen razón. Toda la razón. Para lograr resultados el directivo digital deberá entender que hace falta una visión, que ha cambiado el estilo, que hay que adaptar métodos, que hay que incorporar herramientas. Pero siempre con los resultados en el punto de mira.

 

(Este artículo fue publicado el 12 de marzo de 2012 en Directivo Digital, la columna semanal que RocaSalvatella mantiene en El Confidencial)

Pepe Tomé

20 marzo 2012


¿Es el final de la larga cola?

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Cuando en 2004 Chris Anderson acuñó el término Long Tail, todos los presentes asentimos con rotundidad. Alguien había creado un modelo que explicaba lo que comenzábamos a crear: una realidad, basada en redes digitales, que respetaba y fomentaba la diversidad y el control en todos nuestros procesos (producción, comunicación, distribución, etc.).

Años más tarde, la cosa se ha ido complicando, principalmente en cuatro frentes:

1.- El contenido social: todos estamos como locos compartiendo, generando contenidos, luchando por la atención de nuestras audiencias. Esta abundancia de comentarios (que no necesariamente “conversaciones”) obliga a las plataformas a generar algoritmos que nos presentan aquellos trozos de información que potencialmente nos resultarán de mayor interés en diversos formatos (trending topic, newsfeed, +1,  etc.). Alguien elige por nosotros.

2.- La guerra de plataformas: Ante la llegada de Google+ varias redes sociales se han ido cerrando en un intento de crear espacios autosuficientes de los que  no hace falta salir. Una vez tienen al usuario cautivo, ellos eligen cuál será el contenido más relevante  de entre las fuentes que este ha seleccionado.

3.- Los agregadores inteligentes: nos abruma tener el “reader” con “1000+”, de ahí que cada vez más recurramos a aplicaciones y sistemas “inteligentes” (tipo Zite) que nos sugieren qué es interesante para nosotros en función de perfil, intereses y comportamientos. De nuevo, dejamos que alguien elija por nosotros, generalmente sustentado por una “mayoría” a quien le ha interesado algo.

4.- La navegación móvil: Cada vez pasamos más tiempo usando Apps en lugar de los browsers de nuestros dispositivos móviles. Es lógico, la experiencia es más inmersiva, son más monas, etc. Pero una vez más nos estamos cerrando. Estamos recurriendo a pocos sistemas cerrados de nuestra confianza para que nos doten de contenido, en lugar de acceder a la diversidad de la vieja web.

En definitiva, para defendernos de la sensación de sobredosis de información, estamos fomentando que otros elijan por nosotros lo que debemos ver, consumir y hacer. Todo ello bajo una apariencia de diversidad, ya que el contenido nos llega con la impronta de distintos emisores a través de “lo social”.

¿Y qué podemos hacer al respecto? Más que nunca es importante definir claramente una estrategia de presencia digital, estar por estar no sirve de nada si nadie nos ve, y cada vez es más difícil que nos vean. Disparar en multiples direcciones sólo sirve para desgastarnos.

Es fundamental tener claros nuestros objetivos estratégicos (no los “objetivos digitales”, sino los estratégicos de la organización o de la marca), analizar el entorno y las acciones que realizan nuestros públicos, definir qué territorios podemos ocupar, con qué tipo de contenidos, cómo hemos de alimentarlo y cómo vamos a medir los réditos obtenidos.

Si el espacio se concentra, hemos de estar seguros de que nosotros no dispersamos.

 

Foto : http://www.flickr.com/photos/jollino/5675336652/