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Facebook: de perfil personal a perfil comercial

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Desde InsideFacebook leemos que Facebook da la posibilidad de transformar perfiles de usuario a perfiles comerciales.

¿Y cual es la diferencia básica entre estos dos perfiles?

Según el apartado de ayuda abierto por Facebook la diferencia básica entre una cuenta personal y una cuenta comercial es la siguiente:

“Las cuentas comerciales están diseñadas para personas que sólo quieran utilizar Facebook para administrar páginas y sus campañas de anuncios. Por este motivo, las cuentas comerciales no tienen las mismas funciones que las cuentas personales. Las cuentas comerciales tienen acceso limitado a la información de Facebook. Si usas una cuenta comercial, puedes ver todas las páginas y anuncios sociales que tienes pero no podrás ver los perfiles ni el contenido de otras personas. Las cuentas comerciales no aparecen en las búsquedas y el propietario de la cuenta no podrá enviar ni recibir peticiones de amistad.”

Es decir: si alguien abrió una cuenta en Facebook con la idea de promocionar solamente su negocio, banda de música o su propia marca, debería realizar el cambio.
Si teneis más dudas o quereis más información, dentro del mismo apartado de ayuda encontrareis también respuestas a las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué debería convertir mi perfil en una página?
  • ¿Cómo puedo convertir mi perfil en una página?
  • ¿Cuál es la diferencia entre una cuenta comercial y un perfil?
  • ¿Todo el contenido de mi perfil se transferirá cuando lo convierta en una página?
  • ¿Cómo puedo descargar mi información de perfil antes de convertir mi perfil en una página?
  • He convertido mi perfil en una página. ¿Qué debo hacer ahora?
  • ¿Puedo volver a convertir la página que acabo de crear en un perfil?

Recordad que para realizar este cambio hace falta iniciar sesión dentro de Facebook y dirigirse al siguiente enlace: http://www.facebook.com/pages/create.php?migrate

Otro pequeño movimiento para poner orden en el caótico Facebook.

Redes: valor vs utilidad

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En el año 2000 en pleno auge de las “Nuevas tecnologías” todos soñábamos con tener una idea. “LA IDEA”; esa que nos permitiría crear nuestro negocio en internet, cambiar a los jefes por socios y, con un poco de suerte, vender caro para lograr un merecidísimo retiro… ¡Las webs eran fantásticas!

Foto de www.aquiestuveayer.com

En esos años surgieron cientos, miles o puede que millardos de empresas (yo nunca las conté) ancladas en las nuevas tecnologías. Y tenía sentido, porque la afluencia del público hacia el soporte online (y la penetración de internet en los hogares) hacía pensar que había mercado para todos.

Pero el choque entre la necesidad de recuperar inversiones de start-ups por parte de los grupos inversionistas;  la subestimación de costes de explotación por parte de los emprendedores; y la predisposición hacia la gratuidad de servicio entre los usuarios, frenaron el despegue de la llamada Nueva Economía.

Hoy en día, empresas (que también fueron ideas) que cuentan con menos de 10 años de antigüedad se están cotizando por un valor muchísimo más elevado del que nunca hubiéramos soñado. Y todas ellas son redes sociales, la versión moderna de nuestras ideas:

  • Facebook, 60.000 millones de $
  • Twitter, 10.000 millones de $
  • Foursquare, 250 millones de $
  • Linkedin, 3.000 millones de $
  • Groupon, 15.000 millones de $ (algunos estudios apuntan que es la empresa con mayor crecimiento en valor de la historia)

Determinar si los valores son acertados o no lo son no es el objetivo de este post. El mercado y el tiempo se encargarán de ponerlo todo en su lugar. Habrá ganadores y habrá vencidos, como en las películas.

Objetivamente, las cifras son elevadas. Pero una cosa es hablar en términos de valor y otra es hablar de utilidad y conviene separarlas. Estas plataformas nos acercan a los nuestros (sean amigos, conocidos o saludados) que en esencia son puntos y nexos dentro de nuestra red social.

Estos espacios tienen utilidad, y permiten que nos enteremos de noticias que ocurren dos calles más allá pero que, por falta de tiempo, no nos explicamos en persona. Además nos acercan a algunas marcas, nos facilitan el acceso a productos, nos aproximan a nuestros ídolos, y… ¡hasta nos facilitan cables!

Podríamos seguir haciendo apología de las redes sociales durante horas, hasta que llegue el Nasdaq de la mano de otros mercados financieros (como sucedió alrededor de marzo del año 2000) y nos digan que no, que estamos equivocados y que en realidad no valen lo que valen porque no valen “para nada”. Y podríamos llegar a creerlo, aunque fuera remotamente.

Si llegara a suceder, sería como tropezar de nuevo con la misma piedra, pero habría un “learning” para el mercado: Valor y utilidad no deben ir de la mano.

De momento tenemos a los mercados financieros despistados con el desbarajuste intervencionista y la crisis bancaria. Pero la entrada de grandes grupos inversionistas, junto con unos titulares de prensa centrados en números seguidos de “$” amenazan con poner el punto de mira sobre las redes sociales.

Disfrutemos de las redes sociales online mientras los mercados consideran que “lo valen”. Nosotros creemos que, por su utilidad, lo merecen.

Consumer Insights: El Consumo Colaborativo

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Siempre me ha parecido de vital importancia invertir tiempo en analizar el comportamiento del consumidor y las tendencias sociales que influyen en sus hábitos y procesos de compra, así como en entender la relación entre el consumidor y las marcas. Conocer estas tendencias es clave para comprender cómo piensa y actúa el consumidor del siglo XXI y, por lo tanto, es una herramienta valiosa para tomar mejores decisiones en las estrategias de Márketing y Social Media de las compañías.

Hace unas semanas, Trendwatching publicó su informe 11 Crucial Social Trends for 2011 en el que se analizan 11 tendencias que se consideran relevantes desde el punto de vista del consumidor.

En este post,  quiero centrarme en la última de ellas, que se sintetiza bajo el título Owner-Less, y que explica la tendencia a buscar nuevas formas de conseguir los bienes o servicios que el consumidor desea, sin necesidad de adquirirlos de la manera tradicional. Actualmente, el consumidor no se mueve tanto por el deseo de poseer la propiedad de un bien determinado sino de disfrutar de las máximas experiencias posibles, estar siempre a la última, buscando el placer de la novedad sin la responsabilidad, el coste y el compromiso que implica la propiedad tradicional.

Se trata del último estadio de la llamada “civilización del deseo” que tan bien define Gilles Lipovetsky en La Felicidad Paradójica, su ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo. El sociólogo afirma que una de las principales características de los bienes de consumo, en nuestras sociedades, es que cambian y que están cambiando indefinidamente, ya que la oferta no cesa de innovarlos, de proponer nuevos productos y servicios. El consumo se entiende como un proceso de intensificación hedonista del presente por la renovación continua de las cosas. Cada vez más, consumir es jugar, conocer la pequeña alegría de cambiar una pieza en la configuración del decorado cotidiano. Una estética del movimiento perpetuo y de las sensaciones fugaces dirige la práctica del hiperconsumidor, sentencia Lipovetsky.

Analizado este contexto, la tendencia que nos ocupa se podría definir como la nueva cultura del no-compromiso en la que los consumidores prefieren obtener compromisos menos duraderos, adquiriendo objetos por un determinado espacio de tiempo y luego deshacerse de ellos. Esto es posible, en gran parte, gracias al nacimiento del llamado “Consumo Colaborativo”, un modelo basado en sistemas organizados de alquiler entre particulares de todo tipo de bienes y servicios, consumo compartido, intercambios, e incluso en la generosidad de los que regalan aquello que ya no necesitan.

En su libro “Whats Mine is yours: the rise of collaborative consumption” (HarperCollins, 2010), Rachel Botsman y Roo Rogers,  describen este modelo y organizan los numerosos ejemplos que existen de Consumo Colaborativo en tres tipos de sistemas:

  • Productos que se ofrecen como servicios y pueden ser compartidos o alquilados entre particulares. Un ejemplo es Zilok.com.
  • Redistribución de objetos que ya no se utilizan y se regalan, intercambian o venden. Un ejemplo es Freecycle.
  • Estilos de vida colaborativos: gente con necesidades o intereses similares se unen para compartir e intercambiar elementos como el tiempo, el espacio, habilidades etc. Airbnb es un claro ejemplo de esta tendencia y, también, del uso de las nuevas tecnologías para su difusión.

En definitiva, el consumo colaborativo es un movimiento social, económico y cultural que transforma la forma en que la gente cubre sus necesidades y sus deseos. Por ello, es interesante estar atentos a la evolución de este modelo. Además, la consolidación de Internet y de los Social Media facilita la difusión de estos movimientos e iniciativas, extendiendo su impacto de un nivel inicialmente local a una escala global.

Incorporación de Jordi Camós

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Arrancamos el mes de febrero con una nueva incorporación en RocaSalvatella, hoy se une al equipo Jordi Camós. Su experiencia, conocimientos del sector y ganas nos hace estar seguros que crecemos con su llegada y como ya decíamos hace unos días con la incorporación de Gerard Vélez, deseamos que él pueda hacer el mismo balance muy pronto.

Durante los últimos 8 años ha desarrollado distintas funciones dentro de agencias como McCann o Nurun, vinculando su actividad a desarrollar estrategias y soluciones digitales para clientes como Carolina Herrera, Martini Rosato, SEAT, Nescafé  o el FC Barcelona.

Se trata de un explorador de los entornos sociales y colaborativos de la red, buscador de tendencias y de nuevas ideas en el uso de la red y los Social Media, con una clara orientación en ayudar a las marcas a entender las posibilidades de estos entornos en su relación con los clientes.

Si quieres conocer un poco más a Jordi lo puedes encontrar en la red en Twitter o Facebook.

Bienvenido !

Resumen del Forrester Marketing & Strategic Forum 2010 (parte 2 de 2)

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Este es el segundo post sobre el Forrester Marketing & Strategic Forum EMEA 2010 de Londres, al que asistimos durante los días 18 y 19 de noviembre. Los temas tratados en este bloque siguen algunas de las ideas del post previo.

Hoy en día se puede acceder a internet desde multitud de puntos: PCs, teléfonos, consolas, tablets… Pese a la disparidad en el origen, el destino es siempre el mismo internet. Por este motivo Nick Thomas, analista de Forrester, habló del concepto de splinterntet (“Split” fraccionado + “internet”).

La principal consecuencia de splinternet es la existencia de multitud de aparatos que funcionan con distintas tecnologías. Éstas no deben ser motivo de preocupación para desarrollar engagement. Por el contrario, es necesario poner esmero en proporcionar tipos de contenido que resulten cómodos, prácticos, y que sean transversales para todos los puntos de acceso a internet. De acuerdo a Forrester, el formato que cumple todos los requisitos es el vídeo.

La adopción del vídeo por parte del público es total. YouTube es el segundo buscador más usado. Más del 60% de los internautas de E.E.U.U dicen ver videos online cada día.  El video permite interactuar (caso Tipp-ex), generar buenas experiencias de navegación (video tienda FCUK),  y puede desarrollarse en todas las plataformas donde haya audiencia (es fácilmente embedible). Es de esperar que en los próximos años los contenidos en formato vídeo incrementen de forma notable.

En la misma línea de despreocupación hacia lo puramente tecnológico Ian Fogg, analista de Forrester, remarcó que internet no se trata de tecnologías, sino de gente conectada 24×7. Por lo tanto las empresas deben anticiparse a ese proceso disruptivo, nacido en las nuevas costumbres del usuario, y reaccionar antes de que sea demasiado tarde.

La innovación puede desarrollarse pensando en el uso del hardware, es decir, centrando la atención en la persona y en cómo usa los aparatos. Requiere pensar en términos humanos, de ruptura, y en las posibilidades de conectar (en la nube) todos los aparatos que se usan para navegar.

La usabilidad de los aparatos tecnológicos que nos rodean ayuda a romper barreras y a generar contenido nuevo. La dificultad reside en la existencia de un internet fragmentado en pantallas, que exige tener una única estrategia común para todos los canales.

Para que la estrategia resulte sólida en social media, ésta debe diseñarse a partir de tres pilares: Los objetivos, la esencia de la marca y la propuesta que hace la marca. Jeroem Master, director de estrategia de Blast Radius, destacó la dificultad de desarrollar estrategias internacionales. La presencia de factores idiomáticos, culturales, hábitos de uso… hacen que sea necesario localizar fundamentos locales en un contexto desestructurado y de multiculturalidad como internet.  El objetivo es desarrollar estrategias  que piensen globalmente y actúen localmente.

Cuando hablamos de fundamentos locales, nos referimos a que es importante desarrollar un análisis tecnográfico del target de cada país y determinar cómo usa las redes y para qué. Es necesario definir cuáles son los roles del target online (creador, conversador, pasivo…) y poder catalogar su comportamiento (crítico, espectador, conformista, constructivo…).

A partir de los mapas tecnográficos, se obtiene una descripción del target que va más allá de lo socio demográfico, y que permite detectar similitudes entre países y posibles sinergias. Así pueden establecerse con precisión una visión global y una visión local.

Una realidad a nivel mundial es la generalización en el uso de smartphones. Lógicamente, estos dispositivos cada vez tienen más influencia en la implementación de estrategias. El ser humano es cada vez más dependiente de su móvil: Video, fotos, chat, Twitter, Foursquare, Facebook, sms, agenda… Con los móviles de última generación los conceptos de “movilidad” y “sociabilidad” están convergiendo. Lo social es cada vez más móvil, y lo móvil es cada vez más social.

En palabras de Thomas Husson, analista senior de Forrester, una estrategia debe abordar la movilidad desde la conveniencia del usuario, que debe ser entendida desde 3 niveles:

  • Intimidad (el teléfono normalmente es de uso exclusivo)
  • Simplicidad (desarrollos que simplifiquen la interacción, ejp: códigos bi-di);
  • Contexto (determinar el posicionamiento espacial, ejp: geolocalización)

Pero, al ejecutar una estrategia para mobile, debe ponerse especial esmero en brindar la mejor de las experiencias al usuario y en definir cuál es el ciclo de vida del servicio móvil. El objetivo es reinvertir adecuadamente en actualizaciones para mantener el nivel de engagement.

Con un panorama como el que presenta el Splinternet, es lógico que en el futuro aparezcan compañías con un modelo de negocio basado en conectar usuarios y marcas y en compartir contenido.

En el internet social, las marcas dejan de ser un nombre o un producto. Pueden construirse en una plataforma y hablar con los consumidores y los usuarios. Las marcas ya no son lo que cuentan, sino lo que los consumidores dicen de ellas. Hoy en día esta realidad sucede en presencia de marcas o sin ellas.  Como dijo Stephen Haynes de Facebook, hay que prestar atención a lo que los consumidores dicen. Es necesario asumir y asimilar el cambio en los roles y actuar disruptivamente.

Una forma de cambiar los roles es incluir al consumidor como parte activa de la cadena de valor del marketing (marketing funnel). Que el producto llegue a sus manos no implica que la cadena se haya cerrado: El consumidor puede estar encantado o decepcionado con el producto, puede ser fan, y puede llegar a generar contenido sobre la marca.

El consumidor de hoy está empoderado por tecnologías sociales, smartphones, cloud computing, videos… y puede generar impactos con elevados niveles de influencia. En las redes sociales se generan anualmente 50.000 millones de impactos sobre marcas.

Josh Bernoff (Vicepresidente de Desarrollo en Forrester), explicó la forma de utilizar a los consumidores como un canal de marketing a través del concepto I.D.E.A.

  • IIdentify mass influencers: Identificar quienes son los principales generadores de influecia y líderes de opinión
  • DDeliver groundswell customer services: Prestar profunda atención al cliente; es decir, desde todos los ámbitos de la empresa. Conseguir el contacto personal con los clientes.
  • EEmpower with mobile information: Facilitar que la información se adapte y llegue a todos los niveles de la empresa.
  • AAmplify fan activity: Amplificar la actividad de los fans

Pero para poder ejecutar un proceso de I.D.E.A. las empresas deben formar “Héroes“, facilitadores del empoderamiento digital en las compañías. Los héroes deben admitir, aceptar y fomentar el uso de tecnologías sociales entre los trabajadores de su compañía. Deben aceptar y animar la experimentación en redes sociales. Deben alinear a todos los departamentos para generar sistemas de colaboración, y fomentar sistemas de información que permitan compartir el conocimiento y el grado de progreso.

Al final la lógica se impone: Sólo un trabajador empoderado tecnológicamente podrá dar el servicio que espera un consumidor empoderado… Y el consumidor ya lo está.

La tecnología exige que las respuestas facilitadas a los clientes sean relevantes, interesantes y que faciliten la interconexión (links, contactos, referencias…). Según Joan Mattocks, Directora General de Operaciones en Barclay, es crucial para las compañías adaptar su infraestructura, sus servicios y su organización para satisfacer las exigencias del nuevo consumidor que las aventaja.

Si se pretende entender al consumidor, es necesario empezar a actuar como él. Los consumidores investigan y compran sus productos a través de múltiples canales. Según Vanessa Niemeyer, analista de Forrester, un 44% lo hace directamente en la tienda y un 26% lo hace a través de buscadores. Por lo tanto, para ser eficientes en ventas, es necesario integrar la multicanalidad a través de un solo mensaje.

El Community Marketing está situando al consumidor en el centro de la estrategia. La clave está en cómo éste percibe y utiliza el producto. Las redes son el lugar adonde recurre para contrastar dudas antes de la compra, y donde influenciará a sus coetáneos tras ella. El cambio en el modelo es drástico: Antes la marca lanzaba una oferta para atraer al público. Ahora el público se moviliza sólo ante una necesidad. Dicha necesidad le motiva a contactar con su comunidad para informarse. Sólo si lo considera, tras acudir a la comunidad, recurrirá a la marca. Este hecho vuelve a poner de relieve la importancia de integrar al consumidor como parte de la cadena de valor.

Implementando estrategias sólidas que tengan en cuenta el engagement y la multicanalidad, las empresas se adecuarán a las nuevas necesidades de un consumidor que ya ha asimilado las e-tecnologías con normalidad. Es necesario un esfuerzo para eliminar la “e” de “e-commerce” y tratar el canal digital con normalidad. La “e” es un artificio de las empresas. Al fin y al cabo es commerce en estado puro y no fue el consumidor quien hizo la distinción.

Al consumidor le gusta crear contenido y disfrutar del contenido creado por terceros sin prestar atención al tipo de pantalla que utiliza para conectarse. El engagement abordado desde una perspectiva multidimensional debe ser el resultado deseado por toda estrategia. El cambio en los roles tradicionales, los usos y la multiplicidad de puntos de acceso exigen procesos de Innovación Disruptiva para estar a la altura del cliente/usuario. Es momento de cambiar y de impulsar la renovación.