Que la humanidad sea capaz de expresarse en formato digital –sea texto, video o audio, por la simple combinación de unos y ceros– es un hito sólo comparable a la rueda, la escritura o la domesticación de las especies. Y el gran logro del siglo XX no habrá sido la informática, sino haber puesto al alcance de la gran mayoría de la población la capacidad de generar y reproducir contenidos en formato digital. La digitalización ha hecho posible que hagamos más de 1.000 fotos cada vez que viajamos, que tengamos miles de canciones en un dispositivo de bolsillo, que almacenemos decenas de miles de mensajes en nuestro buzón…
Lo digital va sustituyendo de manera inexorable todo lo analógico que nos envuelve. Los vinilos analógicos y redondos con doce canciones fueron sustituidos por CD’s digitales y redondos con también doce canciones. Los videos VHS se sustituyeron por DVDs. Las máquinas de escribir por procesadores de textos. La TDT sustituye a la televisión analógica, los eBooks quieren sustituir a los libros de papel y en los colegios se sustituyen las pizarras por pizarras digitales. Hay restaurantes donde toman nota de nuestro pedido con un dispositivo digital en lugar de un bloc de notas. Cada vez pagamos más cosas con dinero electrónico en lugar de usar dinero contante y sonante. Todos los sectores de actividad, sin excepción, están siendo sometidos a procesos de sustitución hacia lo digital. Es el proceso de digitalización, que en su primera fase siempre consiste en una substitución, que todavía no tiene porque implicar necesariamente ninguna reinvención ni ruptura.
El Índice de Digitalización (ID) es un parámetro subjetivo que utilizamos en RocaSalvatella para expresar el nivel de adopción de lo digital por parte de una persona, un gremio, una empresa, un sector, una región o un país. Los arquitectos ya necesitan un ID más bien alto para el correcto desempeño de su oficio, pero no así los encofradores, albañiles y yeseros, lo que nos hace pensar en un bajo ID general para el sector de la construcción. La banca empieza a tener un ID alto, igual que la medicina, mientras que la música lo tiene ya altísimo: todo su entorno –autores, productores, distribuidores y consumidores–desarrollan su actividad preferentemente en formato digital.

Este proceso de sustitución hacia lo digital acostumbra a estar liderado por los propios actores de cada sector. En el caso de la música, fueron las propias discográficas las que alentaron el proceso de digitalización. Sin embargo, cuando todo el entorno de un sector alcanza ya altas cotas de digitalización, un alto ID, se produce una innovación disruptiva que lo altera de una manera radical, redefiniendo la propuesta de valor, el modelo de negocio y en ocasiones incluso la existencia de los propios actores tradicionales que iniciaron el proceso de digitalización. En el caso de la música, probablemente quien decidió sustituir los vinilos por CD’s no imaginó que la digitalización implicaría que el negocio dejara de consistir en vender canciones. Es muy difícil que el propio actor de un sector pueda imaginar como será su oficio tras un proceso de digitalización, quizá sea por ello que Flickr no fue inventado por Kodak, o que Napster no fuera una idea de CBS. Lo digital provoca transformaciones lideradas por los agentes tradicionales, pero acaba provocando disrupciones que nacen bajo el impulso de nuevos actores.
Hay sectores que ya presentan un alto ID, lo que los convierte en firmes candidatos a la inminente llegada de un nuevo actor con una propuesta disruptiva. Las editoriales, los periódicos, las cadenas de radio y televisión, las empresas de selección de personal, los corredores de seguros… son sectores de alto ID candidatos a una innovación disruptiva que seguramente no provendrá de ninguno de sus actuales líderes. Pero el problema lo tenemos en aquellos sectores fuertemente regulados, como la banca, la medicina o la educación, con unos marcos legales que dificultan mucho la aparición de nuevos actores sin los cuales el verdadero impulso de lo digital se va a demorar mucho, incluso demasiado.
La digitalización de los sectores es una oportunidad para el rediseño y la reconceptualización, pero supone un esfuerzo que difícilmente asumen los ya acomodados en una posición de liderazgo. Altos niveles de ID acostumbran a ser el preludio de la aparición de nuevos actores con propuestas disruptivas más adaptadas, más eficaces… más digitales.